FONSECA,EL CANTOR
| FONSECA, ES UN BOGOTANO DE SABOR CARIBE. COMPONE E INTERPRETA RITMOS COSTEÑOS AL ESTILO DE LOS MEJORES HIJOS DE VALLEDUPAR. ESTÁ CONSIDERADO EL SUCESOR DE CARLOS VIVES. ES MUY JOVEN Y YA TIENE RECORRIDO INTERNACIONAL. SE LLAMA JUAN FERNANDO FONSECA, PERO SÓLO ACEPTA QUE LO LLAMEN FONSECA. Por Óscar Castaño Llorente |
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Para cantar vallenatos hay que ser costeño. Para componerlos es necesario haber crecido frente al mar Caribe. Y para que alguien se presente en el Festival de Valledupar, por lo menos debe tener padres de acento arrastrado y piel morena. Pero Fonseca no es costeño sino que creció en la Sabana de Bogotá. No usa guayabera ni pantalón blanco ni sombrero vueltiao, no es hincha del Junior ni del Unión, y salvo sus cabellos crespos, muy crespos, en él no asoma ni un ápice de rasgos caribeños. ¿Entonces cómo es que este bogotano, cuando se le da la gana, como todo un costeño, se atreve a hurgar en los escrúpulos de la Costa? Tiene pinta de hippie, de roc-kero con sus pantalones rotos, camiseta holgada y tenis descoloridos. Pero aun así forma parte de una generación que reivindicó el vallenato y que es la descendencia directa de Carlos Vives. Una genealogía que sin pena y con mucha gloria lleva quince años demostrando que su sangre pertenece a las estirpes de Alejo Durán, Juancho Polo Valencia y el maestro Escalona. Se llama Juan Fernando Fonseca pero sólo acepta que le digan Fonseca, sin más. Embebido en una rumba sin fin, guitarra al hombro y siempre con un lapicero y un pedazo de papel en el bolsillo, no tiene horarios de trabajo y le sudan las manos al firmar compromisos. “Sólo creo en las responsabilidades de la conciencia, en los retos conmigo mismo” explica sobre Corazón, el nombre de su último trabajo discográfico, que es la forma decente de llamarlo, pues dice que en realidad lo hizo con la fuerza de sus testículos y la sensibilidad aruñándole la piel. Antes de Corazón está la canción Magangué, su primer éxito, que sonó en todo el país y más tarde en Argentina, Panamá, Venezuela y Ecuador. Y antes de Magangué está Fonseca, que con eso habría tenido para armar un carnaval pero prefirió partir a un viaje de tres años hacia las dos costas colombianas y arrimarse hasta el amanecer a esos grilles de provincia que parecen puertos donde suelen atracar hombres y mujeres de sonrisa fácil y mirada perdida. |
| Aunque era el último en dejar aquellos bares, en el fondo fue el gran ausente. Invariablemente fungía de observador y anotaba en la memoria de la nostalgia los gestos, los sueños y las voces de quienes habían estado a su alrededor y que reunidos en un solo escenario son los personajes de Corazón. Fue una investigación rigurosa, sin descanso, pues asegura ser incapaz de componer canciones sobre amores imposibles, mitos o fantasmas, sin antes sentir en toda su dimensión y en las entrañas los paisajes del río Guatapurí o de la Sierra Nevada de Santa Marta. ¿Y quién es Fonseca? La gente ignora que ha sido el único artista colombiano que logró colarse en medio de Shakira y Juanes. Otros lo consideran el sucesor inmediato de Carlos Vives. Muchos desconocen que El Cocha Molina, en pleno Festival Vallenato, alguna vez interpretó las notas para que Fonseca vocalizara uno de los paseos más reconocidos de la música colombiana: El cantor de Fonseca. |
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YO SOY FONSECA Nació y creció en el lugar incorrecto. Pero estaba señalado y le fue arrancada la inocencia por su obsesión con los acordeones y los bailes de parejas muy juntitas simulando el número del amor. Con bastante anticipación a la época en que el mundo empieza a despertarles la curiosidad a las personas, ya sabía que era posible morir de amor y traicionar la vida para cantarle a la muerte. “Yo recuerdo que a los cinco años me estrené en las fiestas y me pillé a la gente feliz y bacana a pesar de oír canciones sobre despechos o carnavales. Aprendí a mirar las palabras y convertirlas en imágenes”. Y asegura que la composición es un regalo de Dios y que cuando incurre en ella, siente que alguien le está dictando. A veces se encuentra en un bar o va sentado en un Transmilenio y saca del bolsillo su bolígrafo y sobre cualquier servilleta o en las esquinas de una factura comienza a escribir la letra de una canción. Hace tiempo o Lagartija azul son temas de lo simple y lo cotidiano, que siguen la misma escuela de trabajos como Televisión, escrito cuando tenía doce años. Ajeno a la generación de la música tecno y las botas texanas, vivía inmerso en un mundo de realidades concretas: una rosa, un sombrero, una ocarina... Tuvo banda de heavy metal, “parche” de amigos que vestían de negro y noviecitas de sofá y Coca-Cola. Pero cuando estaba solo, les hacía trampa. En casa prefería oír los conciertos de Rubén Blades a los de Guns N' Roses. O soltaba la guitarra eléctrica y recogía los timbales para rendirle un homenaje íntimo a La Sonora Matancera. El baile de Magangué es autobiográfico. Habla de un cantante que trae un ritmo nuevo para una fiesta más y mostró a Fonseca tal cual es: campechano, nostálgico y desprendido. El video, grabado en un amplio salón blanco, es un concierto en el que se intercalan las imágenes de una gran parranda con otras en las que aparece él, valientemente solo. |
| Carlos Vives fue el primero en felicitarlo por su trabajo. En Barranquilla abrió un concierto de Shakira. Con Juanes recorrió París, y es un gran amigo de Cabas. Y con Maia se regalan composiciones como si fueran monedas de doscientos pesos. Corazón, su último disco, incluye Te mando flores, el himno de la reciente diáspora colombiana. Lo confirmó con los colombianos que asistieron a su presentación en la Casa Blanca, o con esos otros que se encontró caminando solos en la Rue De Vac, a pocas cuadras del río Sena en París. La canción es un reclamo de las parejas a las que les está ganando la distancia; un consuelo de los papás a sus hijas que ya no tienen quién las despierte en las mañanas; y un saludo entre primos que si no fuese por la sangre serían amantes. “Soy el niño de doce años al que se le cumplió un sueño; y para el que sueña, los sueños se vuelven flores”, es la autodefinición de Fonseca, un bogotano con el sabor de la Costa, y un costeño con pinta de “rolo”. |



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